Lo dejamos acá: ¿y si tu psicólogo creyera saber qué es lo mejor para vos?

Lic. Fabián Moccio • 20 de octubre de 2026

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Una mirada sobre la película de Ricardo Darín y Diego Peretti, y algunas preguntas acerca de lo que significa realmente ayudar a alguien.

Hay algo de Lo dejamos acá , la película protagonizada por Ricardo Darín y Diego Peretti, que me quedó dando vueltas.

Ulises Verón, el reconocido psicoanalista que interpreta Darín, está por recibir un premio a su trayectoria. Sin embargo, en lugar de celebrarlo, comienza a cuestionar su propia manera de trabajar.

Después de la muerte de un antiguo paciente, siente que escuchar, interpretar y acompañar ya no alcanza.

En un momento dice:

«Ya no me sirven las palabras, necesito hechos».

Y a partir de ahí decide cambiar las reglas. Empieza a intervenir directamente en la vida de sus pacientes, convencido de que sabe qué necesitan y cómo resolver sus problemas.

La película lleva estas situaciones al extremo, entre el humor negro y el suspenso. Pero hay algo interesante detrás de todo eso.

¿Qué pasa cuando alguien está tan convencido de saber qué es lo mejor para nosotros que termina dejando de escucharnos?

Cuando la solución parece tan sencilla

Hay una escena que me llamó particularmente la atención.

Martín Bouchard, el escritor interpretado por Diego Peretti, llega al consultorio porque atraviesa un bloqueo creativo.

Durante la entrevista le cuenta a Ulises que tiene un problema con el alcohol, que bebe para escribir y que hace meses no consigue producir algo que considere bueno.

Ulises le propone dejar de escribir. Si deja de hacerlo, dejaría también de beber.

A ver, pensemos un momento en esto.

Desde afuera, la solución puede parecer bastante lógica. Si una actividad está asociada con algo que te hace mal, eliminás esa actividad y se termina el problema.

Pero ¿qué lugar ocupa la escritura en la vida de Martín?

Estamos hablando de alguien que construyó buena parte de su identidad alrededor de ser escritor. Su trabajo, su reconocimiento y probablemente muchas de sus expectativas están ligados a eso.

Entonces, decirle que deje de escribir puede resultar mucho más complejo de lo que parece.

Por supuesto, cuando una persona tiene problemas con el consumo de alcohol es importante evaluar esa situación y trabajar sobre ella. Hay intervenciones y tratamientos específicos que pueden ser necesarios.

Pero también importa comprender qué función cumple ese consumo en su vida y qué le está ocurriendo en ese momento.

Y acá aparece algo que me interesa especialmente: a veces encontramos una respuesta tan rápido que dejamos de hacernos preguntas.

Esto también nos pasa fuera del consultorio.

Un amigo nos cuenta que está atravesando una relación de pareja que le hace mal. Lo escuchamos y pensamos: «Pero ¿por qué no se separa?».

Desde afuera parece evidente.

Sin embargo, esa persona quizás tiene miedo, siente culpa, todavía está enamorada o viene repitiendo una manera de vincularse que le cuesta comprender.

Y no siempre alcanza con que alguien le diga lo que tiene que hacer.

«Decime qué tengo que hacer»

Mientras veía estas situaciones de la película, me acordaba de algo que aparece bastante seguido en el consultorio.

A veces, cuando alguien está atravesando un momento difícil, me pregunta:

«¿Y vos qué harías en mi lugar?».

O directamente:

«Decime qué tengo que hacer».

Y es comprensible. Cuando estamos angustiados, muchas veces queremos respuestas, certezas, alguien que nos diga por dónde seguir.

En esos momentos suelo plantearles algo a mis pacientes:

«Yo podría decirte qué hacer o qué no hacer. Pero, en definitiva, quien va a tener que vivir con las consecuencias de esa decisión sos vos».

Porque hay algo que me parece importante: ¿desde qué lugar podría yo decidir cómo tiene que vivir otra persona?

Esto no significa que un psicólogo tenga que quedarse callado o que nunca pueda orientar.

En terapia podemos señalar contradicciones, ofrecer otras perspectivas, trabajar herramientas concretas y realizar intervenciones más directas cuando la situación lo requiere.

Pero también hay decisiones que necesitan ser pensadas por quien va a vivirlas.

Y acá aparece una frase que suelo compartir cuando hablamos del proceso terapéutico:

«En este espacio de terapia, más que intentar encontrar respuestas, vamos a ir encontrando preguntas. Preguntas que intentaremos responder».

A veces alguien llega preguntándose si debería separarse de su pareja.

Pero mientras empezamos a conversar, quizás aparece algo más: que le cuesta tomar decisiones, que siente culpa cuando intenta priorizarse o que suele terminar en relaciones donde tiene que esforzarse constantemente para sentirse querido.

Fijate cómo va cambiando aquello que inicialmente parecía ser el problema.

La pregunta empezó siendo si tenía que separarse.

Ahora también puede empezar a preguntarse qué le sucede en sus vínculos y por qué determinadas situaciones parecen repetirse.

Eso es parte de lo que puede ocurrir en un proceso terapéutico: empezar a comprender cosas de nosotros mismos que hasta ese momento no habíamos podido reconocer.

¿Qué pasa cuando el psicólogo cree tener todas las respuestas?

Volvamos a Ulises.

En otra escena, se presenta ante un hombre como el analista de Mónica y le exige que abandone la casa.

También interviene en un conflicto entre una paciente y su madre, intentando modificar directamente esa relación.

Ulises parece estar convencido de que sus intervenciones van a mejorar la vida de esas personas.

Pero me pregunto cuánto espacio queda para escuchar qué desean ellas, qué temen o qué dificultades están atravesando.

Hay un concepto del psicoanálisis que me parece interesante para pensar esto.

Jacques Lacan hablaba del sujeto supuesto saber.

Dicho de manera sencilla, cuando alguien comienza un análisis es habitual que suponga que el profesional sabe algo sobre lo que le ocurre. Por eso consulta: espera que pueda ayudarlo a comprender aquello que todavía no consigue entender.

Y esa confianza puede ser importante para el tratamiento.

El problema aparece cuando el analista se convence de que realmente posee todas las respuestas.

Porque una cosa es tener formación y conocimientos para acompañar un proceso terapéutico y otra muy distinta es creer que podemos conocer de antemano la verdad de otra persona.

Desde el psicoanálisis entendemos que hay aspectos de nuestra vida psíquica que desconocemos. Deseos, conflictos y experiencias que pueden manifestarse en nuestras decisiones y maneras de vincularnos.

A veces sabemos que algo nos hace sufrir, pero no terminamos de comprender por qué seguimos encontrándonos en situaciones parecidas.

Freud trabajó estas cuestiones, entre otros textos, en Recordar, repetir y reelaborar , de 1914.

El trabajo analítico puede ayudarnos a reconocer y elaborar algo de esas repeticiones.

Y eso lleva un tiempo que no siempre coincide con nuestras ganas de encontrar una solución inmediata.

¿Quién necesita salvar a quién?

Hay otro aspecto de Ulises que me parece interesante.

En la película aparece una expresión que seguramente escuchaste alguna vez: «complejo mesiánico».

Aunque no es un diagnóstico clínico formal, suele utilizarse para describir a alguien que se siente en la posición de salvar a los demás.

Y quizás eso sea parte de lo que le sucede a Ulises.

Después de cuestionar su propia eficacia como terapeuta, comienza a intervenir cada vez más, como si necesitara demostrar que puede resolver aquello que sus pacientes no consiguen cambiar.

Podríamos pensar que, en su intento de ayudarlos, también está intentando resolver algo de su propia angustia.

Es una interpretación posible del personaje, pero me parece que abre una pregunta que también podemos trasladar a nuestros vínculos.

¿Nunca te pasó que alguien que querés te cuenta un problema, le das un consejo y después te frustrás porque vuelve a hacer lo mismo?

Quizás pensás: «Pero si ya hablamos de esto, ¿por qué sigue ahí?».

Y es entendible. A veces nos angustia ver sufrir a las personas que queremos.

Pero también podemos preguntarnos qué nos pasa a nosotros cuando alguien no sigue nuestros consejos.

¿Nos cuesta verlo sufrir? ¿Sentimos impotencia? ¿Nos resulta difícil aceptar que pueda tomar decisiones diferentes de las nuestras?

Podemos acompañar, expresar preocupación, ofrecer ayuda y actuar cuando existe una situación de peligro.

Pero también necesitamos reconocer que el otro tiene una historia, tiempos y deseos que no siempre conocemos completamente.

Y esto, en la práctica clínica, es fundamental.

Lo que me dejó pensando la película

Hay algo interesante en el recorrido de Ulises.

La película comienza con un psicoanalista que se pregunta si realmente está ayudando a sus pacientes.

Y me parece una pregunta muy importante para quienes trabajamos acompañando el sufrimiento de otras personas.

El problema aparece cuando, en su necesidad de encontrar soluciones, parece convencerse de que sabe qué necesitan los demás.

En ese intento termina dejando cada vez menos lugar para escucharlos.

Y quizás ahí esté una de las cuestiones más interesantes que plantea la película.

Porque ayudar no siempre significa tener una respuesta inmediata.

A veces implica poder escuchar, acompañar y hacer lugar a preguntas que todavía no nos habíamos hecho.

En terapia, esas preguntas pueden ayudarnos a comprender nuestra historia, reconocer ciertas dificultades y encontrar nuevas maneras de posicionarnos frente a lo que vivimos.

Algunas encontrarán respuestas. Otras necesitarán tiempo y quizás nos lleven a descubrir algo que antes no podíamos ver.

Y creo que esto también puede servirnos en nuestros vínculos cotidianos.

La próxima vez que alguien que queremos nos cuente un problema, quizás podamos intentar escuchar un poco más antes de apresurarnos a decirle qué debería hacer.

Porque, a veces, cuando estamos convencidos de tener la respuesta, dejamos de prestar atención a lo que el otro está intentando decirnos.

Y te dejo una pregunta para seguir pensando: ¿alguna vez sentiste que alguien quería ayudarte, pero estaba tan convencido de saber qué necesitabas que terminó sin escucharte?

Lic. Fabián Moccio
Psicólogo clínico

Textos para pensar — Psicología, psicoanálisis y vida cotidiana.

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